Tapear: convivir, combeber.
Con este título pretendo hacer una sinópsis de tabernáculos y abrebaderos, pesebres en definitivas cuentas, visitados y, en la mayoría de los casos, revisitados.
Empezando por Sevilla, citaré a algunos, que bien por su condumio, bien por su idiosincrasia, bien por ambas cosas, merecen citarse aquí.
Yebra, en la Calle Medalla Milagrosa, justo detrás de la Cruz Roja de la Ronda de Capuchinos. Este sitio, ya antiguo, aunque remozado, rezuma buena cocina y buen caldo. Sus tapas y raciones son de primera calidad, y la variedad de sus vinos poco frecuente. Lo peor, su ubicación, ya que no tienes cerca nada reseñable, y su popularidad, que hace misión imposible encontrar un hueco en su barra en horas punta. Muy buena su carne de carrillera, el matrimonio (anchoa y boquerón) y el atún. Todo lo que hemos probado allí gustó.
La Goleta (Perejil chico), en la calle Mateos Gago. Alvaro Perejil, con sus amigos, están detrás de la minúscula barra, donde despachan con gracia vinos del Condado, dulces, de naranja, moscateles y cerveza por botellines o de presión. Su tapería no es extensa, pero sus montaditos, en bollito de pan de masa, merecen la pena (muy bueno el de pringá). Así como la "cándida" tortilla de patata, rellena o viuda. Un sitio muy concurrido, sobre todo por jóvenes de Sevilla, donde puedes oir cantar a una pajarita de papel en su jaula, conocer mediante recortes de prensa qué era lo más a principios de siglo, todo ello dentro de un mingitorio de poco menos de 1 metro cuadrado, donde se advierte a su entrada, el no correr por sus pasillos....
La flor de Toranzo (Trifón), en la encrucijada de calle Barcelona y Gamazo, al lado de la Plaza Nueva. Regentado por Trifón, santanderino de nacimiento, sevillano de adopción, aquí se pueden tomar las mejores anchoas imperiales de Sevilla; también destacable las tapas de derivados del pato y la oca, así como su variedad vinatera. Se paga calidad.
Bodeguita Morales, en García de Vinuesa, es uno de los tabernáculos con más sabor de Sevilla. Tras las primitivas estanterias de la parte noble del bar, se puede uno sentar en las mesitas de madera de la parte de bodega propiamente dicha. Era aquí donde Gustavo Adolfo Bécquer calmaba su sed sevillana, con vino y sifón, y por él se bautizo a este bebercio como "poeta". Siempre que voy me tomo uno. Destacan las tapillas de lata, esto es, productos de ultramarinos. Suelo tomar huevas de arenque. Otro sabor, otra época.

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