De lo accesorio, lo primordial.
Hablemos de copas. No, no con Cola o Limón, no. De recipientes.
Ante todo, la copa de vino debe ser totalmente transparente, nunca coloreada, pues de lo contrario, no podemos apreciar lo realmente importante: el vino. Así que ya sabeis, si quereis color en vuestras mesas, decantaos por flores frescas.
La copa de vino ha de ser ligeramente cerrada en su boca; esta característica hará que los aromas de lo vertido no escapen rapidamente. También es destacable la mayor amplitud de la copa destinada al vino tinto en contraposición a la de blanco. Esto es así para facilitar el movimiento del líquido con el fín de que respire.
El cristal ha de ser de excelente transparencia y pureza, a la par que fino y resistente.
Además de las copas "principales" de blanco y tinto, encontramos una enorme variedad. Practicamente, cada bebida tiene su copa. Así encontramos copa para oportos, brandys, whiskys, champagne....De estas últimas puntualizar que deben ser largas y estrechas, en contraposición con las antiguas de palmera, muy bajas, y que no dejaban apreciar el tamaño de sus burbujas.
Actualmente, y en general, diferenciamos dos tipos de copa de tinto: la Burdeos y la Borgoña. La principal diferencia es que la últimas son algo más redondas, siendo las Burdeos un tanto más estilizadas.
Bueno, espero poder pronto tomar alguno con vosotros. Y ya sabeis: el vino adecuado, en la copa adecuada.
Por cierto, para copas de calidad, Sevilla está ultimamente muy de moda. Preguntar por Sevilla F.C. !!

0 comentarios