La mojama
Batalla de Trafalgar, que tuvo lugar por estos mares allá por 1.805, en Octubre. Sin entrar en profundidades, y gracias a la infamia de Carlos IV y el progresivo declive del otrora gran imperio español, éste puso en manos de Napoleón la vida y el futuro de sus súbditos. Los gaditas pasaban el día en el barco, en el puerto y en la taberna. Fueron llevadas a cabo levas forzosas en Barbate, en Cádiz, en San Fernando y pobres hombres sin experiencia fueron embarcados en navíos de guerra. Los ingleses en cambio tenían tripulación que llevaba navegando y pirateando desde infantes. Después de una sangrientísima refriega, ganaron los ingleses y hechos prisioneros cientos de españoles, Pues bien, una vez llevados a Londres, los ingleses rindieron honores a la tropa española por su valentía, su coraje y su honor en combate. Por sus cojones, que diría uno de la Viña.
Hace unos días estuve visitando por primera vez Chipiona con unos amigos. Aquella población no es profusa en el ornato. Vamos que si lo quitas de la orilla del mar y lo metes tierra adentro, aquello es un secarral de dudoso gusto al que no iría nadie. Pero tiene mar. Y por ello cultura y con ella cocina.
En Cádiz puedes pasear y preguntar a un paisano que donde puedes ir a comer y éste, en un escaso par de minutos te cuenta que allí fue él con su parienta de novios y que aún hoy, ya con chiquillos, no falta un domingo o fiesta de guardar. Y claro, tu vás y descubres que en la Plaza del Tío de la Tiza el camarero te mira de soslayo, y cuando llega a atenderte te dice que vale, que cuatro cervecitas ¿no pisha?, y que va marchando dos caballas, que son grandes y que para cuatro está bien. Y llega al momento con dos bandejas con plata gaditana dentro. Y todo esto por dos duros. Cádiz.
Y claro, hoy te pides un platito de mojama en Pleamar, en la Plaza de la Cruz del Mar, y mirando hacia ese horizonte no tan lejano ves que el que está a tu lado, con la cara curtida de mil soles y otro platito de mojama, es el bisnieto de aquel que en el San Juan Nepomuceno y cebando los cañones, con el navío ya desarbolado, apretaba los dientes y gritaba a por ellos y los muertos del Nelson.
Y es la misma mojama. Desde siempre.
Cádiz en salazón puro.

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