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RESTAURANTERIA Disertaciones vitales de un liberal librepensador

Carambola

   Hay veces en las que por designios del azar, nos sorprendemos; unas agradablemente, otras todo lo contrario. La columna de hoy trata, afortunadamente, de las primeras.  

Salimos de la urbe, con la intención de pasar el fin de semana alejados del bullicio y el ajetreo urbaníta, hacia el apartamento de Isla Canela. Descargado el equipaje, y cuando nos disponemos a empezar nuestras escasa horas de asueto, descubrimos que aquella llave no abre, para cerciorarnos más tarde de que es imposible que abra una llave que no pertenece a una puerta. La llave correcta descansaba grácilmente en un cajón de Sevilla.

Interesante situación.

Como viajeros curtidos en mil batallas, no conocemos el arredramiento y estaba claro que no íbamos a volver a nuestro punto de partida. Un par de llamadas bastaron para conocer un nuevo destino: Casa La Alberca, en Sanlúcar de Guadiana, a 20 millas náuticas río arriba.  

 

Una vez salvadas las lógicas dificultades de avanzar por lo desconocido, llegamos a la puerta de la que iba a ser nuestra residencia de fin de semana.

 

Lo primero que llama la atención es la cuidada elección de mobiliarios y ambientes. Todo parece estar escogido a conciencia y con gusto, algo que se hecha en falta en demasiadas estancias de la piel de toro.

Una vez dejamos las maletas en nuestras habitaciones, nos dispusimos a conocer aquella casa y aquel pueblo, al que habíamos ido a parar todavía sin saber muy bien dónde llegaba nuestro máximo grado de estulticia.

 

El pueblo es pequeño, de grandes desniveles, y vá a morir a la orilla del Guadiana, que le dá nombre. Al otro lado, en Portugal, Alcoutim. En ambos, castillos de defensa.

Incluso pudimos disfrutar de un crucero en patera, que nos llevó y nos trajo de vuelta desde tierras lúsas, al módico precio de un euro.

 

Para reponer el estómago y cuidar el espíritu, Casa Guabibi, recomendable sitio, tanto por lo que allí comimos como por la oferta cultural que allí tiene origen y cabida. Para las copas, nada mejor que los chaise-lounges de nuestra terraza, junto a la alberca, en el hotel.

No está demás que deis una vuelta por sus páginas webs, os darán algunas pistas de lo que allí se ofrece.

 

Poco más me queda por decir, salvo mi recomendación de que algún día deis con vuestros huesos en aquellos sitios, donde aún hoy, la armonía entre lo tradicional y el diseño se dan la mano. Donde poder descansar se convierte casi en obligación y desde donde sin duda, vendreis con pilas recargadas y henchidos de Guadiana.

 

www.casalaalberca.com

www.guabibi.com

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